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BLOG LITERARIO


04/2021 - LEONOR


     Hola, me llamo Leonor. Soy la típica mujer que trabaja ocho horas fuera de casa detrás de una mesa de despacho entre papeles y lápices; que intenta poner orden en su hogar, además intenta arañar algún minuto al día para mirarse al espejo y dedicarse una sonrisa; cuarenta y cinco años, más de la mitad compartidos con aquel hombre del que me enamoré por su aspecto de “dandi” en las películas americanas y que el tiempo a convertido en el hermano pequeño de “Michelín”. Entregada en cuerpo y alma, pero sobre todo en cuerpo, a la procreación de la especie con una aportación de: cinco hijos, perro, gato, dos tortugas y como no podía ser de otra manera, un canario.

     A las seis y media de la mañana cuando suena el despertador, inhalo la suficiente cantidad de paciencia para resistir las siguientes veinticuatro horas, me incorporo lentamente de la cama para no despertar a Luís, me calzo las zapatillas de franela a cuadros y salgo a hurtadillas de la habitación. Mi primera parada es el baño, vacío los líquidos que me aprisionan el vientre y tras lavarme la cara me la embadurno con la crema antiarrugas, según pone en el bote desaparecen aquellas patas de gallo que van apareciendo con la edad, en mi caso, más que patas de gallo es una reproducción del gran cañón del colorado. Luego, a medida que me dirijo a la cocina abro las puertas subiendo las persianas de las habitaciones de los chicos.

     El mayor es Julio, a sus diecisiete años todavía duerme con un peluche, el gato y se deja la lamparilla encendida, según dice no tiene miedo que lo hace porque está acostumbrado a la luz y no podría conciliar el sueño sin ella. Salto a través de una pista de obstáculos a base de comics, coches y fundas de juegos para la PlayStation; llego a la ventana, me cuelgo de la maldita cinta que siempre se engancha y del tirón armo tal estruendo que le provoco al pobre muchacho el primer sobresalto del día.

     La habitación contigua es la de las niñas, tienen catorce y once años con dos originales nombres, Alba y Aurora, que quiso poner su padre en honor al día en que nos conocimos; la mañana después de un concierto de Bruce Springsteen, la cual nos despertábamos en una playa con una importante resaca. Este par siempre están revueltas entre las sábanas, a veces creo que en lugar de dormir hacen batallas nocturnas. Continúo con la ronda para despertar a los muchachos y termino en la habitación de los peques de la casa. Maribel es muy pequeñita todavía para acudir a la escuela y Francisco, a sus seis añitos, ha empezado este año en el colegio de los mayores.

     Poco a poco la casa se va convirtiendo en el pasillo estrella de un centro comercial; algunos corren para no perder su turno en el aseo, otros discuten por los cereales que van a poner para desayunar, el perro que escapa de unos y otros; con tanto jaleo se levanta el gran jefe de la tribu.

     Mi marido arrastrando las zapatillas por el parqué, intenta hacerse el nudo de la corbata mientras lucha por levantar los párpados, con la intención de dejar sus preciosos ojos verdes al alcance de los primeros rayos de sol que asoman por las ventanas. Se sienta en una silla, deja que su cuerpo y mente se coordinen lentamente a la vida cotidiana.

     Francisco aparece con sus tortugas poniéndolas sobre la mesa de la cocina provocando diferentes opiniones al respecto, al final de un intenso debate gana la mayoría, las tortugas regresan a su lugar.

     Después de tres cuartos de hora de revoloteo, discusiones, prisas y demás, los dos mayores empiezan a desfilar hacia sus diferentes lugares de estudio. Diez minutos más tarde sale Luís hacia el despacho y para no perder la costumbre le pide a Aurora que se apresure, esta todavía sin peinar sale corriendo con la boca llena de cereales y arrastrando la mochila.

     A las ocho llega Fabiana, cuando llega a la hora ¡claro está! Porque cuando no es por una cosa es por otra, pero no conoce el significado de la palabra “puntualidad”. Es una mujer extranjera que además de comerse lo que pilla en la nevera, cuida de Maribel por la mañana; le dejo preparado lo relacionado con la niña, todo y así me pide mil explicaciones, luego mientras cojo el abrigo, el bolso y a Francisco, me cuenta sus desventuras durante la tarde anterior.

     Ya con la hora pegada al culo, dejo al pequeño en el colegio y cruzo a toda prisa la zona de pisos en construcción, que hay en frente para atajar hasta la oficina. Para rematar la mañana hoy me encuentro con esto… Un imbécil con una navaja en la mano, tendrá unos cuarenta años y desprende un hedor irrespirable al abrir la boca, ¡me pide el monedero! ¡Será cabrón!, aguantar al jefe cinco días a la semana durante ocho interminables horas para ganar unos míseros ochocientos euros para qué ahora éste pretenda que le dé parte de ello. Sin pensármelo dos veces empiezo a correr por el descampado, pero la maldita idea que tuve al escoger el vestuario y seleccionar este traje chaqueta con minifalda y los zapatos de talón alto me ha fastidiado la huida, el imbécil que corría detrás de mí sacando el hígado por la boca, o lo que le queda de el, me ha cogido por el pelo haciendo que caiga al suelo. Con un tono rudo me ha dicho a la vez que levantaba la navaja:

     —Usted decide señora, puede darme el dinero a la fuerza por las malas o puede darme el dinero, marcharse y aquí no ha pasado nada.

     ¿Cómo que no ha pasado nada? Me digo a mi misma. Me estás quitando la compra de toda una semana, seguramente para pincharte o para bebértelo, porque con las pintas que me lleva dudo mucho que sea para la matrícula de la universidad. Al final le entrego mi bolso, pues por muy imbécil que me parezca es capaz de pincharme y dejar mi cuerpo aquí tirado, luego si consiguen cogerlo pídele explicaciones a la justicia que escogerá entre la población a 12 buenos samaritanos, que después de escuchar las medio verdades de uno y otro lado, se encerrarán en un cuartucho varias horas para decidir sobre si debe o no estar en la calle.

     Al verse con mi bolso entre las manos el imbécil lo sacude a su antojo y esparce por el suelo todas mis cosas íntimas: la agenda, los tampax, boli, chicles, libreta, tabaco, encendedor, el lápiz de ojos y por fin el monedero; lo recoge rápidamente saqueándolo sin piedad; luego se marcha a la velocidad del rayo abanándome en el suelo tirada con mi pelo alborotado, las medias rotas…, total, en la más vergonzosa de las situaciones.  

     Empiezo a llorar a moco tendido con las consecuencias que eso conlleva… A lo lejos veo a un hombre trajeado que al darse cuenta de mi existencia se acerca corriendo, ¡no podía ser otro que mi jefe!

     —¿Leonor, qué te ha pasado? —Pregunta cogiendo mi mano.

     —Hola señor —respondo agradecida, con el rimel corrido por las mejillas y el moco colgando; a la vez que voy recogiendo mis cosas y las devuelvo a su lugar.

     El hombre muy cortésmente me ayuda a levantar pero sin perder la oportunidad de sobarme el culo de nuevo. Nos vamos lentamente hacia el despacho, pero en mi mente ronda un solo pensamiento…

“Hay días que sería mejor no levantarse de la cama…”

 

03/2021 - AMARTE HASTA LA MUERTE

    Aquí me encuentro, en lo que yo llamo el vértice de mi vida, el vértice de aquello que debió haber sido y que no es…

Desde éste punto se ve todo mejor, o quizás, yo lo veo todo mejor, la verdad es que no lo sé. Sólo sé que desde que te fuiste no vivo, que desde que te fuiste paso mi vida en vilo, y que ya estoy harta, estoy harta de caminar con rumbo desconocido, viendo siempre las mismas caras que te dan el pésame sin saber bien lo que te pasa, que te dan consejos que se pierden en el viento y te ofrecen su hombro ciego sin compartir realmente tu pena.

Ayer te vi, estabas en la parada del autobús, como todos los días, con tu clásica chaqueta tejana y tus vaqueros ceñidos, ¡qué guapo estabas! En la mano llevabas la carpeta forrada con las fotos que recortas de las revistas de música, esas pequeñas fotos de Maria Carey, de Ana Torroja y otras cantantes famosas, todas mujeres lógicamente, y el macuto de tela a cuadros colgando… Te acompañaba Carlos, ése inseparable amigo tuyo que yo no soporto, aunque desde que no estás se ha convertido en mi ángel de la guarda, me pregunta constantemente como estoy, si necesito algo o simplemente se sienta a mi lado en el patio, nos miramos y con una sonrisa se pone a leer sus apuntes sin moverse. Me acerqué y ví tus ojos color miel, y tu pelo pincho que untas de gomina cada mañana. Subimos al autobús del instituto y estuvimos hablando de cosas sin importancia: el tiempo, la ropa, la pesada de Inés que no me deja ni a sol y a sombra porque le gusta Carlos… Al bajar tropecé y me sujeté a tus hombros y tú no te enfadaste, simplemente te giraste y preguntaste:

—¿Estás bien?

—Sí gracias, lo siento mucho -respondí a la vez que se hacía un nudo en mi garganta.

—No te preocupes, apóyate siempre que lo necesites, y si quieres, mañana te doy la mano para bajar —añadiste con una sonrisa pícara.

 De repente abrí los ojos de nuevo y volví a ver la oscuridad envolviéndome. Ya no me quedan lágrimas, ya no me quedan lamentos, lo único que tengo es Charlie, esa vieja rata de laboratorio que salvamos de aquel experimento ¿lo recuerdas?

Que pequeño se ve todo desde aquí, aunque supongo, que tú aún lo verás más pequeño todo, pues tu altura es muy superior a la mía…

 Lo he pensado mucho y creo que es mi único camino, así terminará mi sufrir. ¿Quién se va a dar cuenta de mi ausencia? ¿Mis padres? No… Están demasiado ocupados con sus cosas, sus trabajos, sus planes, no les importan para nada los problemas que pueda tener su hija adolescente. ¿Mi hermano? Ja, ja, ja, ja, creo que no sabe ni que existo. Creo que el único que me echaría en falta sería Charly…

¡Mira! Ya me has hecho llorar de nuevo, ¿es que no te vas a cansar de amagarme la vida? ¿O ya no te acuerdas de lo que me hiciste en segundo curso? Yo iba con Merche, aquella niña gordita que vivía en mi calle. Tú subías con tus amigotes y vuestros roñosos monopatines, al cruzarnos os reísteis de nosotras y cuando ya os teníamos a la espalda empezasteis a tirarnos huevos y bombas fétidas. ¡Claro, al día siguiente me pediste perdón!... Aunque la tonta soy yo, siempre te perdonaba tus tonterías, siempre volvías a engañarme otra vez…

 ¿Por qué te has ido? ¡Maldita sea! ¿Qué he de hacer yo ahora sin ti?

 Mira, aún guardo la carta que me mandaste en sexto curso, está algo vieja y rota, pero me hizo tanta ilusión que no puedo deshacerme de ella…

 Querida Joana:

  Ya sabes quién soy, quería decirte lo bonita que estás cada mañana al llegar al colegio. Me gusta contemplar desde mi asiento como mueves tu pelo, a veces, con el sol, se entreven algunos cabellos castaños brillar y me encanta ver como sonríes cuando alguno de nuestros compañeros hace payasadas y es castigado por la señorita Angelina. Hace muchos años que nos conocemos, y aunque he sido algo revoltoso y a veces, incluso he sido desagradable contigo, me gustaría pedirte algo, algo importante para mí… ¿Quieres ser mi novia?

 Espero que me digas algo cuando salgamos al patio, te espero detrás del muro de la fuente.

 Tu admirador secreto.

 Aún recuerdo la explosión que hubo dentro de mi en el momento en que leí “¿quieres ser mi novia?” La mirada se me lleno de lágrimas de alegría, miré de reojo y ahí estabas tú, observándome. Me puse colorada como un tomate y sonreíste con esa risa pícara que tanto me gustaba. Hemos estado cuatro años saliendo juntos, han sido muchos los momentos que guardo en el recuerdo, muchas situaciones divertidas y también, por supuesto, muchas peleas… Como aquella en la que yo pensé que me habías puesto los cuernos con Lavinia, esa rubia que trabajaba en la panadería de al lado del instituto. Los celos hicieron mella en mí, aunque sabes que no solía estar celosa, pero esa… ¡Esa! Tenía una fama de lagarta que no pude aguantarme, además ¡tú siempre estabas metido en esa panadería! ¿Por qué? ¿Para provocarme?

 Llevo varios días sin comer, sin dormir, sin hablar. Mi madre dice que se me pasará, pero yo sé que no. Te echo de menos Javi.

Desde ésta cornisa te hablo para que me oigas bien, alto y claro. Para que escuches de nuevo mi voz y no la olvides. Pronto estaré junto a ti y podremos volver a vivir momentos interminables. Ya sabes… Era mi dieciséis cumpleaños e hicimos una fiesta ¿te acuerdas ahora? Lo estábamos pasando bien pero David lo estropeó cuando discutió con Paula, todo el mundo se sintió mal por la escenita y empezó a marcharse; al final nos quedamos solos bailando la canción de Sergio Dalma “Bailar pegados”. Poco a poco nos fuimos poniendo más acaramelados, más sensuales, las caricias ya no eran un juego de niños, sino todo lo contrario; nos fuimos dejando llevar por la pasión del momento y bajamos la intensidad de la luz. Encendí la lamparilla de la mesa de centro y pusimos música muy suave. Minutos después estábamos sin camiseta, yo acariciaba tu espalda, tú desabrochabas mi pequeño sujetador. Entonces escuchamos el motor del coche de mi padre… Ja, ja, ja, ¡que susto nos dimos! Los dos corríamos buscando nuestra ropa, tuvimos el tiempo justo de vestirnos y mis padres entraron.

 —¿Qué hacéis con tan poca luz chicos? —dijo mi padre algo mosqueado.

—Nada señor, estábamos hablando de películas de miedo y así teníamos el ambiente propicio para ello. —contestaste rápidamente haciendo destacar tu faceta ingeniosa.

—Ya… Bueno, pues se han terminado las películas de miedo y también la fiesta, recoged esto que está hecho una pena. —añadió mi padre poniendo fin a ese bello momento.

—¡¡Joana!! Bájate de ahí

—¡Carlos! ¡Vete de aquí! ¡Déjame sola por favor!

 —No, no puedo hacer eso… Bájate y hablamos.

—Me voy Carlos, me voy con Javi. La angustia no me deja vivir, no soporto la idea de pensar que ya nunca más podré escuchar su risa, o que ya no habrá nadie que acaricie mi pelo…

 —Deja que te ayude, los dos podemos superarlo… Pero hemos de hacerlo juntos. ¿Crees que yo no me siento mal? ¿Qué no lo echo de menos? Te recuerdo que era mi mejor amigo.

 —Fue mi único amor Carlos. El único, ¿qué hago ahora?

 —Por favor, no lo hagas. Baja, puedes caerte.

 —Adiós Carlos, lo siento mucho…

 Siento el viento acariciar agitadamente mi rostro. La presión de la caída me está golpeando fuertemente las mejillas, pero estoy a un paso de volver junto a ti.

 —¡¡Joana!! ¡¡Dios mío!!

 Pobre Carlos, no hubiese querido que presenciase éste momento.  Mi cuerpo caerá como un plomo a sus pies y él no podrá retrasar mi muerte. No podrá evitar que nos unamos de nuevo y vivamos nuestra gran historia de amor. Ahora ya sin fin…

 ¿Será el cielo el paraíso soñado por todos? ¿Me estás esperando?

 Siento mi corazón como se acelera por segundos, el suelo cada vez más próximo se insinúa como un pavo real se insinúa a su hembra luciendo las plumas.

 Adiós a esta vida injusta que se llevó un día mi corazón y mi alma; que me dejó desnuda y desprotegida ante un mundo que me acorrala, y araña cada latido del corazón haciendo con ellos la banda sonora de mi muerte en vida.

 


06/2020 - LA VENGANZA SE SIRVE FRIA

 

Cuando Pedro me vio frente a su casa, con mi pequeña maleta y los ojos, húmedos todavía por las lágrimas, abrió la puerta y me invitó a entrar. Los golpecitos en la espalda fueron como cuchillos que se hincaban en mi piel, pero aguanté la postura adoptada por él; —Por fin has abierto los ojos amigo, ya era hora, llevas tanto tiempo con cuernos, que te habías acostumbrado a su peso. Estas cosas suelen pasar, dijo. La noticia va de un lado a otro del vecindario hasta que llega a ti, pero claro, como cualquier otro dato que nos duele, hacemos oídos sordos y seguimos como si nada. No te preocupes querido Luís, al final cada uno se encuentra con su destino y el tuyo es ser feliz; amigo mío, ya te lo dijimos los colegas cuando eras un chaval y te fijaste en ella. Ésta chica no te conviene, es muy diferente a ti; sólo la mueve el dinero y el poder, en cambio tú…, siempre con tus ganas de mejorar al mundo, no nos escuchaste y ahora tienes que cargar con lo hecho.

 Diecisiete años de matrimonio, dos hijos en común y un futuro del que hemos hablado infinidad de veces. La casita en el campo con piscina, para estar relajados después de una larga jornada de trabajo, la autocaravana para irnos de vacaciones dónde y cuándo quisiéramos, la clínica... ¡Puta egoísta! Ahora la imagino con su melena negra, vistiendo aquel picardías que le regalé por navidades, con el fin de recomponer nuestra relación sexual abandonada a un lado hace tiempo y, poniendo al alcance de otro hombre, todo aquello que he venerado desde la pubertad.

 Debía haberlo imaginado cuando las cosas empezaron a ir mal en la clínica, también ella empezó a estar extraña; siempre preguntando por los problemas financieros de la sociedad y cuánto dinero perderíamos con aquella crisis. Pensé que estaba preocupada por nuestra economía o incluso, que le quedaba una pizca de amor por mí y realmente le preocupaba aquella situación, pero nada más lejos de la realidad, su única preocupación era perder su lugar en la elite de la sociedad, no poder ir a las fiestas de alto standing a las que estaba acostumbrada y, no lo iba a conseguir siendo la esposa de un cirujano plástico del tres al cuarto, dueño de una clínica de cirugía plástica que no daba ningún beneficio y si muchas pérdidas.

 Hasta entonces le había bastado con cualquier hombre que tuviese una posición social más valorada que la mía, pero cada ve< situaba más arriba sus expectativas, tras el último afer con el dueño de una gran fábrica de renombre, tenía puestas sus garras en el director general de una prestigiosa clínica de Alemania; un viejo que rozaba los ochenta años, que había enviudado no hacía mucho tiempo y, al que le otorgaban multitud de conquistas y apodaban «el doctor amor». Su clínica tenía la tecnología más actual, la más puntera en su campo y unos avanzados proyectos sobre técnicas de implantación y regeneración de tejido, además de unos interesantes ingresos financieros, que provenían de personas influyentes en el mundo de la ciencia y la medicina y, también, de diferentes organizaciones gubernamentales involucrados en el proyecto.

 Todo empezó hace seis años, me invitaron a una fiesta social a la que al parecer, iban a ir diferentes personas notables de nuestra profesión. A lo largo de la velada quedé prendado de la sabiduría y la eminencia del Dr. Klaus Hoffman Theinz. Me interesaron profundamente sus ideas sobre las que estaba investigando en aquellos momentos, un método pionero para conseguir la reconstrucción total de la piel en el ser humano; decía tener la solución para aquellas personas que habían sido víctimas de incendios con quemaduras de primer grado en gran parte de su cuerpo.

 Pasado un tiempo, supe que empezaban un proyecto innovador y que buscaban colaboradores, a través de unos colegas conseguí ser aceptado en un grupo especializado para integrarme al equipo de doctores alemanes. Poco a poco fui demostrando mi valía, haciéndome así, un lugar en el equipo personal del Dr. Hoffman.

  Al año y, después de haber aprendido mucho más en aquel año, que en los ocho anteriores, me trasladaron a los laboratorios principales que estaban en la ciudad de Albstadt, cerca de Stuttgart. Conseguí hacerme indispensable en el equipo de trabajo de tan arriesgado proyecto. Mi sueldo se había triplicado; en aquellos momentos podía codearme con las personas de más prestigio en la profesión y, podía incluso, mirar por encima del hombro a las personas, que como ella, me habían aparcado a un lado en los momentos bajos.

Mi querida esposa parecía haber resurgido de sus cenizas, lucía sus mejores vestidos en las cenas de sociedad, se compraba joyas y zapatos a diario, gozaba de los servicios de un chofer personal, cotilleaba con las otras esposas en el club de campo, sobre las idas y venidas de algunos de sus maridos, algo que no les importaba, siempre y cuando no les afectara a ellas a nivel social. Pero nuestra relación sentimental, estaba tan desgastada que hubo ni la más mínima oportunidad de mejorar.

Ella empezó a venir muchas tardes a visitarme al trabajo, se lucía ante todos mis compañeros como un pavo luce su plumaje ante su amada, luego se marchaba y entraba clandestinamente en el despacho del importantísimo Dr. Hoffman, se entregaba a él en cuerpo y alma y, luego, regresaba a casa como si nada. ¡Yo lo sabía! Pero ya estaba en un punto donde me daba igual lo que hiciese y con quién, yo estaba inmerso en mi profesión y en adquirir la cantidad máxima de conocimientos.

Estuve cinco años soportando sus infidelidades y sin poder resistir un día más le pedí el divorcio; me dijo que no estaba dispuesta a dejarme marchar, que eran muchos años aguantándome y, ahora que empezaba a ser alguien importante, no me permitía abandonarla. Mi cabeza no podía asimilar aquella respuesta y le dije que sabía lo de su aventura, que ya lo había soportado demasiado tiempo, que ya no la amaba y quería ser libre. Entonces empezó con los reproches, sus palabras hirientes recordándome que estuvo a mi lado cuando yo no era nadie, que teníamos dos hijos maravillosos y que fui yo quien la lanzó a los brazos de otros, que se sintió rechazada como esposa y como mujer y Hoffman la trataba como una verdadera dama; incluso le dijo que le había dado la combinación de la caja fuerte para cuando necesitara dinero, algo que nunca hice yo. Recogí algunas de mis cosas y me fui a casa de Pedro, que aunque es la típica persona que tiene la palabra equivoca en los momentos más innecesarios, es mi mejor amigo y en aquel momento era lo que necesitaba, poder hablar de lo que sentía y el dolor emocional que me comía por dentro.

 Pedro vivía en un pequeño pueblo de apenas cien habitantes situado a las afueras de la ciudad, rodeado de naturaleza y un rio al que acostumbraba ir a pescar. La calma rezumaba por sus calles, sólo el piar de los pájaros y el rebuzno de los burros rompían el silencio.

 Para acudir al trabajo, yo, recorría los sesenta kilómetros que me separaban del laboratorio pensando en los momentos felices que habíamos pasado juntos, en Sara y Andy, que aunque ya eran mayores y tenían su vida encauzada, también sufrirían con aquella ruptura. Aparcaba el coche y como cada día, me cambiaba de ropa e iniciaba mis investigaciones. A veces, la veía como subía sigilosamente las escaleras y llamaba al despacho, a la vez que observaba a un lado y al otro antes de entrar, intentaba pasar desapercibida, pero nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión, ella guardaba la compostura y mantenía el tipo, nunca hizo el gesto de estar arrepentida, tampoco tuvo intención de retroceder en el tiempo y rectificar.

 La gente ya comentaba, sin esconderse, sobre la nueva conquista del doctor; aquello atravesaba mi corazón como un cuchillo corta la mantequilla, sentía las miradas de consuelo y alguna mano en el hombro que, de vez en cuando, intentaba aliviar el peso.

 Estábamos llegando a la etapa final del experimento cuando detecté un fallo importante, quería tenerlo todo a punto para la visita del jefe al día siguiente. Estaba tan absorto en encontrar dónde estaba el fallo que las horas corrieron hasta alcanzar las dos de la madrugada; un grito de mujer rompió mi concentración, luego, el sonido de unos pasos acelerados en el corredor, al salir de la sala la pude verla a ella, con las prisas había tropezado y estaba tumbada en el suelo; cuando me acercaba para ayudarla a levantarse, se incorporó dando tumbos cogió su bolso, agarró los zapatos en la mano y corrió escaleras abajo. Al ver aquella reacción me quedé extrañado, ¿Cuál habría sido el motivo que había provocado aquella actitud tan extraña, incluso para ella? Una por una recorría las salas contiguas a la mía, pero no había nada que me hiciese sospechar nada extraño hasta que llegué al despacho de Hoffman; dos cuerpos sin vida se encontraban en mitad de un charco de sangre; detrás de la mesa, una joven que apenas tenía los veinte años, con el torso desnudo y un fuerte golpe en la cabeza, junto a ella el doctor. Me acerqué rápidamente a los cuerpos y puse mis dedos sobre la yugular con la esperanza de que estuvieran con vida. Hoffman estaba muerto pero la joven tenía leve latido; la cogí y la puse en el suelo con intención de hacerle el boca a boca.

Por un momento pensé en salir corriendo, pero al observar detenidamente el despacho, me di cuenta de que la caja fuerte estaba abierta y que por el suelo estaban esparcidos gran cantidad de billetes de doscientos euros. No hacía falta ser Sherlock Holmes para darse cuenta de lo sucedido, seguramente el doctor amor, había decidido terminar la relación con mi todavía mujer y sustituirla por aquella jovencita, cosa que no le habría gustado. Después de una fuerte discusión habría golpeado al doctor y a su amante y para no levantar sospechas había vaciado la caja simulando así un robo.

 Aún estaba intentando reanimar a la joven, cuando escuche a mi espalda la voz del vigilante de seguridad —levante las manos despacio y colóquelas junto a la nuca—. Cosa que hice sin rechistar.

 Intenté una y otra vez explicarme y dar mi versión de los hechos a la policía, pero fue inútil; en el juicio los abogados y el fiscal, se agarraron a la declaración que hizo mi amada esposa.

 Declaró que me comían los celos, que le había dicho en más de una ocasión, que mataría al Dr. Hoffman porque era atento y gentil con ella. Dijo que yo tenía una mente enferma, llena de fantasmas que atormentaban mi imaginación y que llenaban mi cabeza de fantasías inexistentes. También, que me había pedido el divorcio en varias ocasiones y yo la tenía amenazada, que si me dejaba también la mataría a ella; que me tenía miedo y dormía con un cuchillo bajo la almohada por si yo intentaba hacerle algún daño. Ella se convirtió en víctima ante: el jurado, el juez, mis hijos, incluso yo dudé por un instante de mí mismo…

 Hoy me encuentro aquí sentado, en la sala número cuatro de la audiencia de penales, esperando la sentencia del jurado, que con total seguridad, será culpable.

 Ella seguirá vistiendo los modelitos de grandes diseñadores europeos, abrigos de pelo de visón y, lucirá preciadas joyas multicolores. Se paseará como una princesa de cuento buscando su príncipe, lánguida y desgraciada por su desgracia. Pondrá el punto de mira en otro genio de la medicina, la ciencia, o incluso de las matemáticas; cualquiera le sirve mientras su cuenta bancaria se adorne con muchos dígitos. Siempre ha tenido la suerte de que los hombres hacen cola por tenerla; bella, esbelta y con grandes ojos negros, pero lo que no saben ellos, es que detrás de todo aquello, hay una mantis religiosa preparada para terminar con su amado.

 No sé si mi amigo Pedro se refería a éste destino, y a ésta felicidad, pero seguramente no se ajusta a su realidad, algo que suele ser normal con mi amigo. El destino me tenía preparado un futuro oscuro, en esta lujosa celda de dos por dos metros y acompañado en la noche por mi propia soledad.

 Llevo ya tres años aquí dentro, las visitas han sido pocas: mi abogado, algún periodista morboso y poco más. Supongo que en el exterior seré un asesino que terminó con una gran mente científica por celos de amor e imagino que nadie me escuchará por mucho que diga lo que pasó aquella noche. Día tras día intento elaborar un plan que pondré en marcha cuando salga, lo más importante será recobrar mi buen nombre como doctor y científico, luego ya se verá. Pero que nadie borre estas líneas que dejo escritas, pues sé que un día ella probará ésta celda; el mismo día que pruebe el plato frío de mi venganza. 



LIBERTAD BURLADA.

Hebria entre los maizales
que me cubren y me esconden
de los cuervos que acechan
en las copas de los árboles.

Cegada por las luces de la noche
luciérnagas, luna y estrella,
cómplices de una cacería
corrupta de vicio  y de lobos llena.

Perdida por las vedas prohibidas,
Caminos que dan a un punto sin salida.
Vida silenciada, libertad burlada.
Arrogante amistad sin cabida.






VIDA NATURA

Quisiera ser viento y volar sobre la hierba,

 subir y acariciar las copas de los árboles 

desafiando a cada fruto, a cada una de las hojas...


Quisiera ser viento para viajar a ras de suelo 

recorriendo tu cuerpo, enredarme en tus ramas  

y perderme en las nubes para ver

 la vida desde las estrellas .




ESPÉRAME EN LA LUNA

Andar por aguas turbias
hundiendo los pies en barro.
Arrastrando las arrugas
acumuladas por los años.

Mirando tu misma luna,
la que veíamos juntos
y en la que hoy te meces
mientras recoges mis sueños.

Y ahora mis canas de anciana
no pueden olvidar tus ojos,
que el mismo día que te fuiste
estaban llenos de amor.



SOMOS

Somos sol, somos silencio,
somos rebaño siguiendo al viento.
Seremos muerte que se pierde
en un abismo que no es inerte.

Infierno de furor interno
donde todo es negro intenso.
Somos pantano que traga un cuerpo,
destino que vive un tormento.

Seremos soledad y disputa,
pues algunos recordarán la lucha,
de una guerra perturbada
y tierras lejanas encharcadas.

Somos sangre, somos grito,
somos tortura de un solo difunto.
Somos mundo, muerto y seco;
no somos nada en éste triste desierto.



VIVE TU VIDA

Vendados los ojos, olía
la muerte que me perseguía,
con requiebros yo escondida
conseguí perderla un día.

¿Llegó la hora pregunté?
Pero nadie respondía, en
aquella oscuridad, solo había
pequeños retazos de mi vida.

Fueron muchos años ciega
por creerme a salvo de la ira,
pensando que nunca llegaría
la parka y me abrazaria.

Ahora tengo miedo sincero, y
me arrepiento de la ironía de
no corregir mis fallos, pensando
que aún tenía toda una vida.

Y en éste último suspiro os digo,
que lo que fuí, si ofendió, pido
perdón, y aunque es tarde si quieres
escuchar, vive tu vida con pasión.


TORMENTA EN MI INTERIOR

A través de la ventana, vi, como venía la tormenta, nubes grises cada vez más espesas, que se agolpaban para formar una gran masa negra que se acercaba rápidamente. Sus truenos y relámpagos estremecían mi piel, y acongojaban mi corazón. Aparecieron las primeras lluvias, las gotas de agua golpeaban la uralita y entonaban sonidos sin sentido, que yo transformaba en melodías. Los relámpagos iluminaban la silueta de árboles y casas, la furia se crecía por momentos.
Cuando la tormenta se hizo más fuerte, nada podía silenciar la tristeza y desolación que dejaba a su paso, arrasando y aplastando todo aquello que encontraba en el camino.
Un ruido ensordecedor se escuchó de repente en el cielo, el grito sordo de algo realmente tétrico, tras dos segundos eternos de acongojante silencio, se abrieron las nubes y se dejó entrever la claridad de la luz, y el sol, con timidez, asomaba sus destellos; la lluvia cesó y el arco iris hizo acto de presencia alegrándome la vista.
Fue breve la tormenta, pero dejó la huella de su fuerza y poder. Fue entonces cuando me di cuenta, la calle estaba seca, la gente caminaba alegremente por los paseos y no había ningún árbol dañado.... Descubrí con grata sorpresa que había imaginado todo aquello, que la tormenta vivía dentro de mí, ¿mis miedos? ¿Mis dudas?... No me he parado a pensar, solo quiero recordar que después de la tormenta llegó la calma, salió el sol, brilló la luz y vi el arco iris en toda su plenitud.
Por eso, sí, vale la pena pararse a pensar, porque ninguna tormenta dura cien años y, la fuerza de los elementos solo es comparable a la fuerza de los sentimientos...




LOS BUENOS MODOS

Se ha perdido la esperanza,
se ha perdido la ilusión.
Han volado las palabras
que salían del corazón.

Nadie piensa en el anciano,
y las mujeres se han de defender
de hombres, jueces y castigos,
que sus leyes quieren imponer.

Muere un árbol, muere un pez,
muere el respeto, muere el ser.
Yo lo llamo educación, pero hoy,
parece que de moda ya pasó.

Cuando era pequeña solía decir,
porfavor, gracias y perdón,
hoy la gente ni siquiera siente,
los buenos modos dijeron adiós.






MEMORIAS

Dime querida,
¿Te dije hoy que bonita es tu sonrisa?, yo te recuerdo sonriéndome todos los días, no quiero olvidar lo que me enamoró el primer día cuando te ví trás el mostrador. Me quedé mudo y no acertaba a decirte que pescado quería, tú con tu cofia y aquellos guantes de goma esperabas paciente y te reiste tan ampliamente que me contagiaste, ¿te acuerdas de las señoras que hacían cola detrás de mí?, al final, un poco enfadadas nos llamaron la atención, y a tí tu jefa también, me puse rojo y me marche sin comprar nada. Esperé a que terminaras de trabajar y te acompañé hasta tu portal, a partir de aquel momento supe que nunca podría amar a nadie como te amo a tí.
Hoy hace 67 años de aquel día tan especial y como cada año he venido con tus flores favoritas a ver si viene a tu mente algún recuerdo, sueño que hagan que te acuerdes de nuestro amor y vuelva tu sonrisa.

La mujer seguía con su mirada perdida, él la besó en la frente y se despidió hasta el día siguiente.













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ELS RACONS

Tots els racons de la meva ánima, tots els descusits de la meva esperança, tot alló que desconec, tot alló que m'ha ensenyat....

Tot forma part d'un camí que pas a pas he de caminar...

Petits racons que trobo al teu cos amb els ulls tancats, tot el que dessitjo tenir, sense necesitar res més que la teva pell calenta caminant al meu costat.